La Revolución de Mayo en Argentina

14-07-2022

La crisis de la monarquía española repercutió hondamente en América. En el Río de la Plata, por ejemplo, se formaron grupos políticos que proponían diversas soluciones para el gobierno del virreinato.
Así, Martín de Álzaga -el alcalde que había defendido a Buenos Aires en 1807- buscaba independizar estas regiones de Fernando VII -por entonces preso en Francia- y constituir un gobierno de españoles europeos. Un grupo formado en su mayoría por criollos -Cornelio Saavedra, Manuel Belgrano y Juan José Castelli, entre otros- durante un tiempo se dejó ganar por la idea, que luego desechó, de coronar a Carlota Joaquina de Borbón, hermana de Fernando VII y esposa de Juan de Braganza, el gobernante de Portugal, que por entonces residía en Río de Janeiro.

La situación se precipitó en los primeros meses de 1810 -o sea cuando el avance francés por tierra ibérica se aceleraba- y culminó en mayo. A mediados de este mes se tuvo aquí noticia de que los miembros de la Junta Central habían dejado Sevilla, donde funcionaba, y que esa ciudad andaluza había sido tomada por los franceses. Si otro tanto ocurría con Cádiz, hacia donde avanzaban, nada quedaría libre en tierra española. En vista de lo que estaba ocurriendo, el virrey Cisneros publicó el 18 de mayo una proclama para pedir al pueblo que se mantuviese unido y que no se tomasen resoluciones sin conocer la opinión de todo el Virreinato.
Muchos vecinos, en su mayoría criollos, entendieron que había llegado el momento propicio para tomar decisiones. Por esto, los hechos comenzaron a precipitarse el 20 y culminaron el 25. Veamos su desarrollo:

Domingo 20 de Mayo: Saavedra y Belgrano piden al alcalde la reunión de un cabildo abierto. El Cabildo solicita al Virrey que dé el correspondiente permiso. Cisneros consulta a los jefes militares y éstos manifiestan que no están dispuestos a sostenerlo en el cargo. Por la noche, Juan José Castelli y Martín Rodríguez solicitan al virrey que dé la necesaria autorización y así lo hace Cisneros.

Lunes 21 de Mayo: Los regidores deciden realizar el 22 un cabildo abierto y reparten invitaciones entre 450 vecinos principales, funcionarios, jefes militares y autoridades religiosas.

Martes 22 de Mayo: Con la presencia de 251 vecinos, a media mañana comienza la deliberación presidida por el Cabildo. Durante el debate previo a la votación se escuchan, entre otros, los discursos dichos por Juan José Castelli y Juan José Paso. Se emiten por escrito 225 sufragios, cuyo escrutinio se deja para el día siguiente por lo avanzado de la hora.

Miércoles 23 de Mayo: Al hacerse el recuento y la clasificación de los votos se tienen estos resultados: 160 se pronuncian por la cesantía de Cisneros por entender que había quedado sin representación al desaparecer la Junta Central de Sevilla. La mayoría de los votantes se manifiesta a favor de que el Cabildo tome el mando y designe una Junta que, a su vez, gobernaría el virreinato hasta que se reuniesen en congreso los diputados de todas las ciudades.

Jueves 24 de Mayo: El Cabildo designa esta Junta de Gobierno: presidente, Cisneros; vocales: José Santos Incháurregui, Cornelio Saavedra, Juan José Castelli y Juan Nepomuceno Sola. Estos cuatro -el primero peninsular y los otros tres, criollos- habían votado en la reunión del 22 por la cesantía de Cisneros. Precisamente, la presencia de éste en la Junta provoca la oposición del pueblo y la demanda de que los designados pidan al Cabildo que elija a quienes merezcan la confianza del vecindario.

Viernes 25 de Mayo: El Cabildo se reúne por la mañana y recibe una petición que firman muchos civiles y militares en favor de la designación como integrantes de la Junta a los que todos ellos proponen. Los regidores aceptan y pasado el mediodía eligen a esta Junta Provisional Gubernativa: presidente: Cornelio Saavedra; vocales: Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo Matheu y Juan Larrea, y secretarios: Juan José Paso y Mariano Moreno.

Los hombres de la Revolución de Mayo

La Revolución de Mayo no fue un suceso ocurrido por casualidad ni la obra de un solo hombre. Tuvo por protagonistas a un conjunto de vecinos de Buenos Aires -criollos los más, españoles europeos algunos- que tenían un responsable amor por la tierra, claridad de ideas y nobleza de espíritu.
Entre todos el primero fue Cornelio Saavedra, quien al emitir su voto en el Cabildo Abierto afirmó que el pueblo era el único que podía dar toda autoridad o mando a quienes debían gobernar, (junto a él estuvo Manuel Belgrano).
De él se puede afirmar, indudablemente, que puso al servicio de su patria vida, haberes y fama. Juan José Castelli, su primo, no le iba en zaga en cuanto a precisión de pensamiento y vocación para sacrificarse por sus ideales. Mariano Moreno, el joven y fervoroso secretario de la Junta, animó a ésta en todo momento y se contó entre los más decididos revolucionarios en el breve lapso que medió entre el 25 de Mayo y su temprana muerte. El otro secretario, Juan José Paso, mostróse siempre tan discreto como firme en sus actitudes. Miguel de Azcuénaga y el presbítero Manuel Alberti fueron constantemente hombres de buen consejo y afán conciliador. Domingo Matheu y Juan Larrea, catalanes y comerciantes los dos, pusieron su acción personal y sus bienes al servicio de la patria naciente.
Entre los hombres de Mayo debemos recordar a Domingo French y Antonio Beruti, quienes mantuvieron encendido el fervor de los jóvenes en los días previos al 25 y durante la formación del nuevo gobierno.

La Junta y el Virreinato

Los nuevos gobernantes enviaron el 27 de mayo una circular a los pueblos del interior para pedirles que, por medio de los cabildos, eligiesen diputados que se incorporarían a la Junta a medida que arribasen a Buenos Aires

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